Bioflora
Probióticos que se notan desde el pasillo

Contexto
Antes de diseñar, hicimos un estudio competitivo
Cuando nos llegó el brief para crear la identidad de una marca mexicana de probióticos, lo primero fue visitar diversas farmacias y tiendas naturistas. Queríamos ver con qué productos iba a compartir anaquel Bioflora.
Identificamos cómo se veía la competencia: sus logotipos, sus etiquetas, sus colores. Con eso en mente, buscamos cómo hacer que Bioflora sobresaliera.
Hallazgo
Todos los probióticos se veían igual de serios y genéricos. Una marca amable, que también diera confianza, iba a ser fácil de ubicar.
Logotipo
La respuesta fue una flor abstracta de varios colores, junto a «bioflora» en minúsculas: «bio» ligera y «flora» en negrita. Es juvenil, con freno de mano: lo bastante alegre para destacar y lo bastante seria para que le creas.
La flor también funciona sola, como símbolo. El logotipo tiene versión a color, para fondo claro y oscuro, y a una tinta en verde, crema, blanco y negro.
Colores
La paleta cromática sale de la flor: dos verdes, lima, ámbar y aqua son la base. Cada fórmula, además, tiene un color propio, y en la farmacia te dice cuál es cuál antes de leer el nombre.
Ámbar para 30B, rojo vino para 50B, lila y rosa para Woman, morado para Woman + Cranberry, azul para MOOD y naranja para Vitamina D y C + Zinc. Así, seis frascos con la misma forma no se confunden entre sí.

User Personas
Una fórmula para cada quien
Además del anaquel, estudiamos a quien compra probióticos. Armamos cinco user personas de nivel socioeconómico C, C+ y AB, con las redes que usan, sus gustos y lo que les preocupa: inflamación, sueño o la salud de sus hijos.
La mamá informada se ve en Woman + Cranberry; el millennial con estrés, en MOOD. Y de esos perfiles salió también cómo habla la marca.



Empaque
Las seis fórmulas siguen las mismas reglas: envase ámbar, tapa negra y etiqueta blanca con textura de papel. En los probióticos, el nombre va al centro, sobre una flor grande que se asoma como marca de agua.
Alrededor crecen hojas y ramas de línea fina. La letra de la etiqueta es Museo Sans, sencilla y de trazo parejo, para leerla rápido. Cambia el color y se queda la estructura: por eso las seis se leen como familia.
E-commerce
Hicimos el e-commerce de Bioflora en Shopify: el estilo de cada página, los banners de inicio para computadora y celular, y todas las imágenes. Ahí conectamos todo el marketing digital de la marca para incrementar sus ventas.
Cada frasco sale de frente y, al pasar el cursor, se voltea para enseñar sus beneficios. Las infografías van en blanco y gris, y dejan que el color lo ponga la etiqueta de cada fórmula, como en la farmacia.

Redes sociales
Ciencia dicha como en la sobremesa
Para las redes hicimos el manual de la marca: seis pilares de contenido y una guía de voz en cuatro tonos. La voz quedó científica sin ser fría y cálida sin ser cursi, con acento mexicano.
La idea es que la gente entienda su microbiota y viva un poco mejor, con Bioflora al lado y sin sentir que cada post le quiere vender algo. Cada semana diseñamos y publicamos en Instagram y Facebook.


Lifestyle
Este pilar, Lifestyle & Nutrición Práctica, tiene una tarea: que cuidar el intestino quepa en un día cualquiera en México, con trabajo, familia y antojitos. Aquí siempre se suma y nunca se prohíbe.
Habla como una amiga que sabe de nutrición: recetas cortas, tips e ingredientes de mercado. En agosto, por ejemplo, la jícama: casi toda es agua y su fibra es inulina, el mismo prebiótico que Bioflora toma del agave.











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